Cuatro sacerdotes —el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier— fueron consagrados como obispos sin la aprobación del Papa León XIV. La decisión los expone a una posible excomunión, considerada la sanción más grave dentro de la Iglesia católica.
El hecho reaviva el conflicto con la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), un grupo ultraconservador conocido como los “lefebvrianos”, que mantiene una relación históricamente tensa con el Vaticano. A pesar de los llamados del Pontífice para frenar la decisión, la ordenación se llevó adelante.
Previo a la consagración, el Papa había advertido que la medida implicaba un riesgo de ruptura dentro de la Iglesia y pidió dar marcha atrás. Desde la FSSPX, su superior general sostuvo que no buscan separarse de Roma, sino “servirla mediante medios extraordinarios”, aunque el Vaticano considera el acto como una grave desobediencia.
