El viaje a Nueva York para la Argentina Week dejó una factura política que Adorni todavía está pagando. Dentro del gobierno, el clima con el jefe de gabinete se tensó al punto de que más de una fuente asegura, sin rodeos: «Le va a costar caro.»
El detonante fue haber subido a su esposa al avión presidencial. Pero lo que realmente irritó a sus propios compañeros de gabinete fue cómo lo manejó después. Cuando salió a decir que «Presidencia la invitó», la estaba cargando a la Casa Rosada. Y cuando mencionó que otros funcionarios también viajaron con sus esposas, el ejemplo de Pablo Quirno lo dejó expuesto: el canciller mandó a la suya en vuelo de línea, una semana antes.
El episodio del «me fui a deslomar» tampoco ayudó. La frase se volvió trending topic con cientos de memes, y Adorni tuvo que salir a hacer un raid de fotos demostrando que, en efecto, había tenido reuniones. Según la consultora Ad Hoc, las menciones al funcionario subieron un 330% en dos días y más del 76% fueron negativas, en el área que se supone que los libertarios dominan: la comunicación.
Lo que más duele en el gobierno no es el escándalo en sí, sino el timing. El evento de Nueva York llevaba meses de preparación y quedó opacado. A eso se suma el historial: Adorni nombró a su hermano en Defensa antes de meterlo en las listas de diputados, incorporó a una amiga de su esposa como asesora de coaching en la Rosada, y él mismo —el azote del gasto público y los lujos de la casta— habría pagado unos 10.000 dólares para viajar a Punta del Este en avión privado durante el carnaval.
Nadie habla de echarlo. Pero que la factura existe, existe.
